viernes, 2 de mayo de 2008

Ser un superhéroe 'moooola'

Crítica de Iron Man.

Los cómics y el cine de superhéroes se hicieron para disfrutar. Cualquier otra teoría resulta errónea y de ahí que todo aquel que se acerque a este tipo de personajes con el objetivo de encontrar tras ellos posos metafísicos (quizá tan bien los haya) se sienta estafado. Ha ocurrido con las adaptaciones de los X-Men, Spiderman, Hulk y, ahora, con el último chico duro de la Marvel en dar el salto, Iron Man. Su adaptación es un nuevo ejercicio de imaginación para un tipo de cine en pleno apogeo gracias a la escasez de ideas propias que acucia a Hollywood. La de Jon Favreau es una buena película por dos razones: resulta impresionante visualmente y logra su objetivo, que uno salga del cine queriendo volar sin necesidad de una incómoda capa sobre sus hombros y deseoso de dar una buena paliza a los malos.

Con grandes dosis de acción y humor del simple, pero efectivo, el del chiste fácil, la película cuenta el viaje existencial de Tony Stark, un niño rico dueño de una fábrica de armas que es secuestrado en pleno Afganistán. Escapará de su cautiverio y lo hará convertido en un nuevo Tony. En su huída dejará atrás su vida de playboy borracho y descerebrado para convertirse en un superhéroe de hierro arrepentido por su pasado y socarrón. Para ello, quién mejor que el desmadrado Robert Downey Jr., a quien los años le han quitado esa cara de niño atolondrado que paseó en películas como Only You. Sea porque el personaje le viene como anillo al dedo o porque es un actor más que notable, el caso es que convence.

Su inseparable compañera Pepper Potts es Gwyneth Paltrow, tan insípida como siempre. Lo cual realza aún más la gracia de su partenair masculino. El amigo del héroe corre a cargo de un Terrence Howard muy resultón como Jim Rhodes. Y, por último, el cuarteto protagonista lo cierra el malo malísimo, Obadiah Stane, a quien presta su rostro un calvo, envejecido y gordísimo Jeff Bridges. Todos, incluso la chica subida a sus tacones, bailan al son que marca la acción, que no cesa. Dos horas de bombardeo casi literal en el que el espectador puede sentarse en su butaca, aferrarse a su tanque de palomitas y disfrutar de una dosis extra de entretenimiento que le dejará sumergido en un estado de excitación del que le costará desprenderse y al que contribuye una música ad hoc. Todo está estudiado.

Mención a parte merecen los efectos especiales, que hacen que todo resulte más creíble si cabe. La secuencia en la que Stark elabora en el garaje de si mansión el nuevo traje y sus conversaciones con las máquinas que lo ayudan resulta delirante. Ordenadores de última generación y herramientas inteligentes comparten en ella protagonismo con Downey, cuya elección es el mayor acierto de la película. Sólo un 'pero', la lectura política que podría hacerse de la historia, con Estados Unidos como eje del bien y los afganos como los villanos.

Por suerte para los espectadores residentes fuera del país de las barras y estrellas, la afgana no deja de ser una subtrama, ya que el verdadero enemigo está en casa. ¿Querrá decir esto algo más? Moralejas a un lado, lo cierto es que Iron Man es una gran película por la que merece la pena seguir aplaudiendo que tanto Marvel como DC sigan siendo una auténtica mina de grandes personajes. Al final (se ve venir), Iron Man es un mesías con el ego por la nubes. Pero ese complejo de superioridad viene con el cargo. Todos los superhéroes lo tienen.

Quienes quieran ver en esta crítica una defensa del cine de superhéroes acertarán. Y quienes ataquen a Iron Man porque en realidad no tiene poderes sobrehumanos no tienen más que recordar a otro playboy que se divierte travistiéndose de murciélago. (M. J. Arias)

2 comentarios:

Paolo dijo...

Estoy de acuerdo con que es gran cine de entretenimiento, pero pareces rebajar la importancia de la trama política, que no es tan simplista ni mucho menos como la planteas. Al contrario, creo que esta película se atreve a satirizar el militarismo yanqui desde dentro de una manera que ninguna otra película de acción o superhéroes ha hecho hasta ahora. Como dijo un gran historietista todos los superhéroes son síntomas de su tiempo y la diversión no quita que canten verdades incómodas.

Diana dijo...

Te felicito, qué buena crítica. Yo también noté eso de que tachaban a los pobres árabes como los malos de la película, sí pensé que los putos gringos quieren que odiemos a esa cultura...pero eso se te olvida cuando ves al papacito de Robert Jr...por Dios! está viejo, pero es como el vino tinto jaja
Pues me entretuvo mucho, pese a las ideologías gringas, pero la verdad que me la pasé bien.